Visitamos Guimarães en una parada de regreso a Galicia, después de haber pasado cuatro días en Aveiro y alrededores. Vimos que Guimarães estaba apenas una hora y media después de salir de Aveiro; decidimos desviarnos unos kilómetros para visitar Guimarães, una ciudad de la que habíamos oído hablar muchas veces, pero que hasta ese momento seguía pendiente en nuestra lista de viajes. Con dar unos pasos por su casco histórico para entender por qué tantos viajeros la consideran una visita imprescindible.

Guimarães presume de tener uno de los centros históricos medievales mejor conservados de Portugal, pero es que también ocupa un lugar privilegiado en la historia del país. Aquí nació Alfonso Henriques, el primer rey portugués, y fue precisamente en esta ciudad donde comenzó a forjarse la independencia del reino. No es casualidad que en muchos rincones pueda leerse una frase que resume perfectamente su importancia: «Aquí nasceu Portugal» (Aquí nació Portugal).

Lo mejor de Guimarães es que combina historia y ambiente como pocas ciudades. Sus calles empedradas, las fachadas de piedra adornadas con balcones de madera y hierro, las plazas llenas de terrazas y la tranquilidad con la que se recorre hacen que la visita resulte muy agradable, incluso si solo dispones de unas horas.

Nosotros dedicamos una mañana completa antes de continuar nuestro viaje hacia Galicia y fue tiempo suficiente para recorrer sus principales monumentos, pasear por sus calles medievales y disfrutar de una de esas ciudades que parecen detenidas en el tiempo.

Y lo mejor es hacerlo con este free tour, te ponen en contexto de todo.


Si estás organizando una ruta por el norte de Portugal, ya sea desde Oporto, Braga, Aveiro o incluso de camino a Galicia, Guimarães es una parada que merece totalmente la pena. En esta guía te contamos qué ver, cómo organizar la visita y todos esos pequeños detalles que convierten una simple parada en uno de los mejores recuerdos del viaje.

¿Merece la pena visitar Guimarães?

Si, generalmente, cuando viajamos por el norte de Portugal, ciudades como Oporto, Braga o Aveiro acaparan casi toda la atención, mientras que Guimarães queda relegada a una simple excursión de unas horas. Sin embargo, cuando recorres sus calles te das cuenta de que esta ciudad tiene algo especial que la convierte en una de las visitas más interesantes del país.


Guimarães es historia en estado puro. No en vano se la conoce como la cuna de Portugal, ya que aquí nació Alfonso Henriques, el primer rey portugués, y fue en estos alrededores donde comenzó el proceso que dio origen al Reino de Portugal en el siglo XII. Esa importancia histórica sigue muy presente en cada rincón de la ciudad.

Pero no hace falta ser un apasionado de la historia para disfrutar la ciudad; yo misma no lo soy. Pero eso no hace que no disfrutes del encanto que está en el ambiente, que se respira entre sus calles empedradas, las plazas llenas de vida, las fachadas medievales perfectamente conservadas y las pequeñas terrazas donde siempre apetece hacer una pausa. Es una ciudad en la que vas a querer caminar despacio y te vas a entretener en sus pequeños detalles.

Guimaraes

En el año 2001, la UNESCO declaró su centro histórico Patrimonio de la Humanidad por el extraordinario estado de conservación de su arquitectura medieval y por el papel que desempeñó en el nacimiento de Portugal. Al contrario que otras ciudades históricas que parecen escenarios preparados para el turismo, Guimarães mantiene un equilibrio muy agradable entre patrimonio y vida cotidiana. Aquí siguen viviendo vecinos, abren pequeños comercios tradicionales y las plazas continúan siendo puntos de encuentro tanto para locales como para visitantes.

Otra de sus grandes ventajas es su tamaño. Los principales lugares de interés se encuentran muy próximos entre sí, por lo que puede recorrerse perfectamente a pie en unas tres o cuatro horas. Si además decides visitar el Palacio de los Duques de Braganza o subir a las murallas del castillo, lo habitual es dedicarle una mañana completa o parte de la tarde.

Qué ver en Guimarães

Guimarães es una ciudad perfecta para recorrer caminando. El casco histórico es relativamente pequeño, la mayoría de las calles son peatonales y prácticamente todos los monumentos se encuentran a pocos minutos unos de otros.

Nuestra recomendación es dejar el coche en un aparcamiento cercano al centro y realizar una ruta circular que permite descubrir los principales lugares de interés sin prisas y siguiendo un recorrido muy cómodo.

En total, la visita completa requiere unas tres o cuatro horas, aunque si decides entrar en el Palacio de los Duques o visitar con calma el castillo, es fácil que acabes dedicándole una mañana entera.

Esta fue la ruta que seguimos nosotros:

Aparcamiento recomendado

Una de las mejores opciones para dejar el coche es el aparcamiento de la Plataforma de las Artes, situado a unos diez minutos andando del centro histórico. Es amplio, cómodo y permite comenzar la ruta caminando hacia uno de los lugares más emblemáticos de Guimarães.

Otra buena alternativa son los aparcamientos situados junto al Palacio de los Duques, especialmente si prefieres comenzar la visita por el castillo y terminar en las plazas del casco antiguo.

Sea cual sea la opción elegida, en pocos minutos estarás caminando entre calles medievales.

Largo da República do Brasil

La mejor manera de empezar la visita de Guimarães.

Esta enorme avenida ajardinada te sorprende por lo amplia que es y, también, por la perspectiva que crea hacia la Iglesia de Nossa Senhora da Consolação. Un largo paseo central, rodeado de árboles perfectamente alineados y jardines muy cuidados, conduce directamente hasta las dos torres del templo, formando una de las imágenes más fotografiadas de toda la ciudad.

Largo da República do Brasil
Guimaraes

Durante siglos, esta zona quedaba fuera de las murallas medievales, pero con el crecimiento urbano terminó convirtiéndose en una de las principales entradas al casco histórico.

Hoy es un lugar muy agradable para pasear, especialmente a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando la luz realza el color dorado del granito portugués.

Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse unos minutos antes de comenzar la visita, respirar hondo y disfrutar de la tranquilidad que caracteriza a Guimarães.

Iglesia de Nossa Senhora da Consolação

Al final del paseo aparece uno de los edificios religiosos más elegantes de la ciudad.

Iglesia de Nossa Senhora da Consolação, Guimaraes

La Iglesia de Nossa Senhora da Consolação comenzó a construirse en el siglo XVIII y destaca inmediatamente por sus dos altas torres gemelas, que recuerdan a algunos templos barrocos del centro de Europa. Su fachada blanca y de granito contrasta con el verde de los jardines que la rodean, creando una estampa realmente fotogénica.

En su interior se conserva una decoración relativamente sobria, muy distinta al exuberante barroco que encontramos en otras iglesias portuguesas, lo que transmite una agradable sensación de serenidad.

Cada año es además uno de los escenarios principales de las fiestas de la ciudad, especialmente durante las celebraciones de las Fiestas Gualterianas, una de las tradiciones más importantes de Guimarães.

Aunque muchos viajeros solo la fotografían desde el exterior, merece la pena entrar unos minutos para apreciar la amplitud de la nave principal y la tranquilidad del templo.

Jardines del Largo da República do Brasil

Más que unos simples jardines, este espacio funciona como el gran salón de entrada a Guimarães.

Jardines del Largo da República do Brasil, Guimaraes

Sus caminos perfectamente cuidados, las zonas de césped, las fuentes y los bancos invitan a comenzar la visita con calma antes de adentrarse en las estrechas calles medievales.

Durante la primavera y el verano, los jardines se llenan de flores y ofrecen uno de los mejores contrastes con la arquitectura de granito que caracteriza a la ciudad.

Es también uno de los lugares preferidos por los habitantes de Guimarães para pasear, leer o simplemente descansar bajo la sombra de los árboles.

Desde aquí comienza realmente la transición entre la ciudad moderna y el casco histórico declarado Patrimonio de la Humanidad.

Largo do Toural

Si el Largo da Oliveira representa el corazón histórico de Guimarães, el Largo do Toural es su gran plaza de bienvenida.

Largo do Toural Guimaraes

Durante siglos fue el espacio situado justo delante de una de las antiguas puertas de acceso a la ciudad amurallada y servía como punto de encuentro para comerciantes y viajeros.

Hoy es una plaza elegante y muy animada, rodeada de edificios tradicionales con soportales, cafeterías y pequeños comercios que le dan mucha vida durante todo el día.

En uno de sus extremos destaca el gran letrero con la frase «Aqui nasceu Portugal», probablemente el lugar donde más fotografías se hacen de toda la ciudad.

Nosotros aprovechamos este punto para hacer una pequeña parada antes de continuar hacia las callejuelas medievales. Es uno de esos lugares donde resulta fácil sentarse unos minutos en una terraza y observar el ir y venir de la gente.

A partir de aquí comienza la parte más bonita de Guimarães.

Rua de Santa Maria

Desde el Largo do Toural nos adentramos en el entramado de calles medievales hasta llegar a la que probablemente sea la más emblemática de Guimarães: la Rua de Santa Maria.

Esta calle nació en el siglo X por orden de la condesa Mumadona Dias, fundadora de la ciudad, para comunicar el monasterio con el castillo. Durante siglos fue una de las arterias principales de la villa y por ella desfilaron comerciantes, nobles, religiosos y peregrinos.

guimaraes
Rua de Santa Maria

Hoy sigue conservando gran parte de su aspecto medieval. Caminar por ella es hacerlo entre elegantes casas de granito, balcones de madera, escudos nobiliarios y pequeñas puertas que parecen esconder siglos de historia. Muchas de las viviendas pertenecieron a familias acomodadas y aún pueden verse detalles arquitectónicos que recuerdan la importancia que tuvo esta calle durante la Edad Media.

Aunque es una de las más fotografiadas de Guimarães, lo mejor es recorrerla despacio, mirando hacia arriba. En muchas ocasiones los detalles más curiosos se encuentran sobre nuestras cabezas: ventanas manuelinas, antiguos blasones o balcones floridos que aportan todavía más encanto al conjunto.

Es una calle tranquila, sin grandes monumentos, pero con una atmósfera difícil de describir. Es precisamente aquí donde uno tiene la sensación de haber viajado varios siglos atrás.

Praça de Santiago

Al final de la Rua de Santa Maria aparece uno de los rincones con más encanto de toda la ciudad.

La Praça de Santiago es una pequeña plaza irregular rodeada de edificios medievales con soportales, restaurantes y cafeterías. A cualquier hora del día suele tener un ambiente muy agradable, convirtiéndose en uno de esos lugares donde cuesta resistirse a sentarse en una terraza.

Praça de Santiago Guimaraes

Su nombre procede de una antigua imagen del apóstol Santiago que, según la tradición, fue traída hasta aquí por peregrinos que recorrían el Camino Portugués hacia Compostela.

Aunque la plaza ha cambiado mucho con el paso de los siglos, conserva intacto ese aire acogedor que caracteriza a Guimarães. Las fachadas de granito, las balconadas de madera y el suelo empedrado crean una de las estampas más bonitas del casco histórico.

Si visitas la ciudad en verano, probablemente encuentres músicos callejeros o pequeñas actuaciones que llenan la plaza de vida sin restarle autenticidad.

Largo da Oliveira

Si hubiera que elegir un único lugar que represente la esencia de Guimarães, probablemente sería este.

El Largo da Oliveira constituye el auténtico corazón histórico de la ciudad. Aquí se concentran algunos de sus edificios más importantes y, al mismo tiempo, es uno de los espacios con más ambiente de todo el casco antiguo.

Su nombre proviene de un antiguo olivo que, según cuenta la tradición, fue plantado en este mismo lugar hace siglos y que se convirtió en símbolo de la ciudad. El árbol actual no es el original, pero mantiene viva esa tradición que da nombre a la plaza.

Resulta difícil no quedarse unos minutos contemplando el conjunto. Las fachadas medievales perfectamente conservadas, los soportales, las terrazas y los monumentos crean una imagen que parece sacada de otra época.

Es también uno de los mejores lugares para hacer una pausa durante la visita. Nosotros aprovechamos para tomar un café mientras observábamos el constante ir y venir de vecinos y viajeros. Es una plaza viva, de esas que invitan a quedarse más tiempo del previsto.

Iglesia de Nossa Senhora da Oliveira

Dominando el Largo da Oliveira se alza uno de los templos más importantes de Portugal.

La iglesia tiene sus orígenes en un antiguo monasterio fundado en el siglo X por la condesa Mumadona Dias, aunque el edificio que vemos hoy fue reconstruido principalmente durante el siglo XIV bajo el reinado de Juan I.

Iglesia de Nossa Senhora da Oliveira Guimaraes

Su arquitectura mezcla elementos románicos, góticos y manuelinos, fruto de las diferentes ampliaciones realizadas a lo largo de los siglos. En el interior destacan el magnífico claustro gótico, varias capillas funerarias y un ambiente de gran sobriedad, muy diferente al barroco exuberante que encontramos en otras iglesias portuguesas.

La tradición cuenta que un olivo seco volvió milagrosamente a la vida gracias a la intervención de un comerciante local, motivo por el que el templo recibió el nombre de Nossa Senhora da Oliveira.

Más allá de la leyenda, estamos ante uno de los edificios religiosos más importantes de la historia de Portugal y una visita muy recomendable para quienes disfrutan del patrimonio histórico.

Padrão do Salado

Justo frente a la iglesia llama la atención un elegante monumento gótico que muchos visitantes pasan por alto.

Se trata del Padrão do Salado, construido en el siglo XIV para conmemorar la victoria portuguesa en la Batalla del Salado, librada en 1340 frente a las tropas musulmanas.

Padrão do Salado Guimaraes

El pequeño templete protege una cruz considerada milagrosa y constituye uno de los mejores ejemplos del gótico conmemorativo portugués.

Su estructura abierta, con finas columnas de granito y cubierta piramidal, le confiere un aspecto muy diferente al de cualquier otro monumento de la ciudad.

Aunque no suele ocupar los primeros puestos en las guías de viaje, merece la pena detenerse unos minutos para observar sus detalles y entender la importancia que tuvo aquella batalla para los reinos cristianos de la Península.

Los Antiguos Paços do Concelho

Uno de los edificios que más personalidad aporta al Largo da Oliveira es el antiguo Ayuntamiento de Guimarães, conocido como los Paços do Concelho.

Construido entre los siglos XIV y XV, fue durante siglos la sede del gobierno municipal. Su elemento más característico es la galería elevada con soportales y arcos apuntados que conecta con una antigua torre medieval.

Este tipo de arquitectura civil es relativamente escasa en Portugal, por lo que el edificio posee un gran valor histórico.

Hoy ya no cumple funciones administrativas, pero sigue siendo uno de los rincones más fotografiados de la plaza y una magnífica muestra del poder que llegó a alcanzar Guimarães durante la Edad Media.

Palacio de los Duques de Braganza

Abandonando el casco histórico y caminando apenas unos minutos llegamos a uno de los edificios más espectaculares de toda la ciudad.

El Palacio de los Duques de Braganza fue construido en el siglo XV por Alfonso, primer duque de Braganza, inspirándose en los grandes palacios señoriales del norte de Francia.

Lo primero que sorprende son sus enormes chimeneas de ladrillo, visibles desde muchos puntos de la ciudad y completamente diferentes a cualquier otro edificio portugués.

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Tras varios siglos de abandono, el palacio fue restaurado durante el siglo XX y hoy alberga un interesante museo donde pueden visitarse salones decorados con mobiliario de época, enormes tapices flamencos, porcelanas, armas, pinturas y objetos pertenecientes a la nobleza portuguesa.

Aunque el interior resulta muy interesante, el propio edificio ya merece la visita por sí solo. Sus patios, galerías y fachadas transmiten perfectamente la grandeza que tuvo la Casa de Braganza, la dinastía que siglos más tarde ocuparía el trono de Portugal.

Si solo vas a pagar una entrada en Guimarães, esta sería probablemente nuestra primera recomendación.

Castillo de Guimarães

Apenas unos pasos separan el Palacio de los Duques del monumento más importante de la ciudad.

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El Castillo de Guimarães comenzó a construirse en el siglo X por orden de la condesa Mumadona Dias para proteger el monasterio y a la población de los ataques normandos y musulmanes.

Con el paso del tiempo se convirtió en una fortaleza clave durante la Reconquista y, según la tradición, aquí pasó parte de su infancia Alfonso Henriques, el que acabaría convirtiéndose en el primer rey de Portugal.

Sus robustas murallas, las torres almenadas y la gran torre del homenaje continúan ofreciendo una imagen imponente más de mil años después de su construcción.

Una de las experiencias más recomendables es recorrer el adarve de las murallas. Desde allí se obtienen magníficas vistas del Palacio de los Duques, del casco histórico y de buena parte de la ciudad.

No es un castillo excesivamente grande ni cuenta con salas musealizadas, pero su enorme valor simbólico hace que sea una visita imprescindible.

No en vano, para muchos portugueses este es el lugar donde comenzó la historia de su país.

Capilla de San Miguel del Castillo

Junto al Castillo de Guimarães, casi escondida entre los árboles, se encuentra una pequeña iglesia que muchos visitantes pasan de largo sin imaginar la importancia histórica que tiene.

La Capilla de San Miguel del Castillo es un sencillo templo románico construido durante el siglo XII. Su aspecto sobrio contrasta con la monumentalidad del castillo y del Palacio de los Duques, pero precisamente esa sencillez es parte de su encanto.

La tradición sostiene que aquí fue bautizado Alfonso Henriques, el primer rey de Portugal. Aunque los historiadores no pueden afirmarlo con total certeza, dentro de la capilla todavía se conserva una antigua pila bautismal asociada a esa leyenda, convirtiendo el lugar en uno de los símbolos del nacimiento de la nación portuguesa.

El interior apenas está decorado. Muros de granito, una pequeña nave y un ambiente de absoluto silencio hacen que la visita resulte especialmente íntima. No es un lugar espectacular, pero sí uno de esos rincones que ayudan a comprender por qué Guimarães ocupa un lugar tan importante en la historia del país.

Si visitas el castillo, merece la pena dedicarle apenas cinco minutos antes de continuar el recorrido.

Murallas medievales

Aunque gran parte de las antiguas fortificaciones desaparecieron con el crecimiento de la ciudad, todavía se conservan varios lienzos de la muralla medieval que protegía Guimarães.

Estas defensas comenzaron a levantarse entre los siglos XIII y XIV para rodear la villa y protegerla de posibles ataques. En su momento contaban con varias puertas de acceso, torres defensivas y un importante sistema de vigilancia.

Hoy pueden verse algunos de sus tramos integrados entre edificios más modernos, recordándonos cómo era la ciudad cuando todo el casco histórico permanecía protegido por una gran fortificación de piedra.

Pasear junto a estas murallas permite imaginar el aspecto que debía de tener Guimarães hace más de setecientos años, cuando todavía era una pequeña villa medieval en pleno crecimiento.

Es un buen lugar para terminar la ruta antes de regresar tranquilamente hacia el centro.

¿Sabías que…?

Te cuento algunas curiosidades que quizá no conozcas sobre Guimarães

El castillo estuvo a punto de desaparecer

Aunque hoy resulte difícil de imaginar, durante el siglo XIX el Castillo de Guimarães cayó en un profundo estado de abandono. Incluso llegó a utilizarse como cantera y muchos de sus sillares fueron reutilizados en otras construcciones de la ciudad.

Afortunadamente, la población se movilizó para evitar su demolición y, años después, comenzó una importante restauración que permitió conservar uno de los monumentos más importantes de Portugal.

Es una de las Siete Maravillas de Portugal

En 2007 el Castillo de Guimarães fue elegido como una de las Siete Maravillas de Portugal, un reconocimiento otorgado por votación popular que confirma la enorme importancia histórica y cultural de esta fortaleza.

Un centro histórico… habitado

Las casas continúan habitadas, existen pequeños comercios tradicionales, cafeterías de barrio y plazas donde los propios portugueses siguen reuniéndose cada día. Esa vida cotidiana es precisamente una de las razones por las que la ciudad resulta tan auténtica.

Conoces Guimarae? Si no lo coneces no te lo pierdas

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