Shanghái es una ciudad que no te va a dejar indiferente, llena de contrastes, rascacielos futuristas y templos tradicionales de más de mil años, avenidas comerciales donde al girar la esquina te encuentras con una calle de tiendecitas tradicionales llenas de historia. En esta entrada te voy a dejar los lugares que no te puedes perder de Shanghái, desde el Bund hasta sus rascacielos iluminados, pasando por templos más tradicionales
Qué ver en Shanghái
El Bund
Yo que diría que el Bund es el paseo más famoso de Shanghái, situado en la orilla occidental del río Huangpu. Este es uno de los lugares más emblemáticos que ofrecen una de las postales más impresionantes de China:
Por un lado, una hilera de majestuosos edificios coloniales de estilo europeo, herencia de la época en que la ciudad fue un importante puerto internacional.

Y al otro lado, en Pudong, una jungla de rascacielos, iluminados por la noche, que parecen sacados de una película de ciencia ficción. Pasear por el Bund es una verdadera delicia, y lo tienes que hacer de día y de noche, es un viaje visual en el tiempo; vas a disfrutar de construcciones neoclásicas, art decó y renacentistas, y al mismo tiempo, en la otra orilla chocarás con la moderna Torre de la Perla Oriental o la imponente Shanghai Tower.

Al caer la noche, el paseo se ilumina y se llena de más vida, si cabe, con artistas callejeros, barcos turísticos y un ambiente vibrante. Es un lugar que resume perfectamente el contraste entre la historia y el futuro de Shanghai.

Jardín de Yuyuan

Vas a encontrar este precioso jardín en la zona del Mercado Yuyuan, repleto de tiendas, restaurantes y cafeterías para tomar un café. Aquí puedes ver y pasar por el famoso Puente de Nueve Giros, diseñado para alejar a los malos espíritus, y el Gran Rocaío, una montaña artificial de rocas. Está antes de entrar en el propio jardín.
El Jardín de Yuyuan es el remanso de paz que te vas a encontrar en pleno corazón del viejo Shanghai.

Construido en el siglo XVI durante la dinastía Ming por un alto funcionario para el descanso de sus padres, este espacio refleja la estética del jardín tradicional chino, donde cada roca, puente y estanque están cuidadosamente colocados para crear armonía visual y espiritual.
Se divide en seis áreas principales, cada una con pabellones, salones y pequeños patios.
Lo mejor es recorrerlo con calma, disfrutar la paz que transmite y recrearte en cada esquina que te llame la atención, que van a ser muchos.

Pudong y sus rascacielos
Pudong es la parte moderna de Shanghai y uno de los distritos financieros más importantes del mundo.

Hasta hace dos días, principios de los años 90, en esta zona se encontraban terrenos de cultivo y zona portuaria, pero hoy te sorprende un horizonte repleto de rascacielos que baten récords de altura.
Para llegar aquí puedes utilizar un tren que cruza el río, la verdad es que a nosotros no nos hizo ni fú, ni fa, lo sentimos demasiado psicodélico, y no justifica el coste. Son casi 6€ cada trayecto. Nosotros hicimos el trayecto de ida, y el regreso en metro tradicional.


Entre sus joyas no puedes dejar de fijarte en la Torre de la Perla Oriental, con su diseño futurista, es para mí el símbolo de Shanghai; el Shanghai World Financial Center, lo llaman “el abrebotellas” por su curiosa apertura superior; y la Shanghai Tower, que con 632 metros es el segundo edificio más alto del planeta.
Si subes a cualquier mirador de estos edificios vas a encontrar una vista espectacular del río Huangpu y del espectáculo de los distintos edificios.
Confesar que nosotros no subimos a ninguno, íbamos un poco pillados de tiempo y la verdad es que solo nos recreamos con la vista desde abajo, que ya marea e impresiona bastante.
Además, la zona cuenta con centros comerciales de lujo, restaurantes de alta gastronomía y bares en azoteas que son miradores privilegiados de día y de noche. Pudong es el paseo que debes hacer, es la imagen de la China que nos fue sorprendiendo en todo el viaje.
Templo de Longhua

En medio de la modernidad de Shanghai, nos encontramos este oasis de espiritualidad del Templo de Longhua.
Al llegar, lo primero que me impresionó fue la pagoda de siete pisos, que se eleva elegante sobre el complejo. No se puede subir, pero verla de cerca, con sus tejas antiguas y su aire solemne, ya es una maravilla.
En este lugar el tiempo pasa a un ritmo distinto. Hay un aroma intenso a incienso. Los fieles estaban encendiendo grandes varillas y colocándolas en pebeteros de bronce, mientras se inclinaban tres veces frente a los altares.


Es imposible no contagiarse de esa sensación de calma colectiva.

Lo que hace tan especial al Templo de Longhua es que no es templo de visita, que también, sino que es un templo vivo. Tuvimos la suerte de presenciar una ceremonia, escuchamos los cánticos de los monjes en la ceremonia, vi a personas mayores rezar con devoción y a jóvenes encender inciensos pidiendo suerte.

En los distintos edificios que había en el recinto, cada uno destinado a uno o varias deidades, había muchas cestas y ramos de flores, todas con mensajes tipo «Para la salud» «Para los exámenes» «Para un negocio próspero» …
La verdad es que nos encantó poder vivir ese momento, ver esa mezcla de tradición milenaria con la vida moderna de Shanghai es una pasada.
Otra de las cosas que nos sorprendió en la visita de Templo de Longhua, fueron las bolsas rojas que veíamos preparar con toda clase de cositas, sobre todo «dinero del papel» o billetes del Monopoly como decía yo.



Poder ver a las familias como observaban en silencio y devoción, fue uno de esos momentos especiales en los que entiendes un poco más su fe y la forma de honrar a sus ancestros.
Este «dinero del papel», o «papel joss» luego me enteré de que se llama así, es una tradición muy antigua. Algo había oído, pero nunca tuve la suerte de verlo en primera persona, al quemarlo, los chinos creen que envían riqueza y objetos simbólicos a sus ancestros en el más allá.
Nos sentimos especialmente afortunados por habernos tropezado con este templo casi de casualidad, no es de los marcados como imprescindibles, pero a nosotros nos pareció una visita de lo más interesante, y espiritual.
Cuando visites Shanghai, si quieres conocer su lado más espiritual, el Templo de Longhua es una parada imprescindible.
La Concesión Francesa o Tianzifang


Tianzifang, o la antigua Concesión Francesa de Shanghai, es un barrio con callejones, que a mi de primeras me dejó bastante fría. Creo que con el paso del tiempo ha perdido un poco su esencia. Actuamente las viejas casas Shikumen han sido transformadas en estudios de artistas, galerías, tiendas de artesanía y cafés alternativos, de precios elevados para los que estábamos encontrando a lo largo del viaje, y el otras zonas de Shanghai, como los restaurantes en calles como Nanjing Road.
Este barrio, Tianzifang, o la antigua Concesión Francesa, es una zona con espíritu bohemio, donde se supone que vamos a encontrar la mezcla, el arte contemporáneo con la vida tradicional de barrio, en estos callejones puedes encontrar desde ropa hecha por diseñadores locales, inspirada en la tradicional pero de uso corriente, cerámica pintada a mano, hasta joyas de diseño diseñadas y hecha por locales.


También es una zona donde puedes comer en pequeños restaurantes con cocina tradicional, a precios bastante elevados, en comparación con el resto de la ciudad, y los platos internacionales que quieras.
Pasear por Tianzifang es muy distinto a hacerlo por la zona de los rascacielos de Pudong, pero tampoco esperes encontrarte casitas tradicionales. Si tienes poco tiempo, para mí es prescindible.
Plaza del Pueblo

La Plaza del Pueblo, en pleno centro de Shanghai, es un gran espacio abierto donde encontramos algunos de los edificios culturales más importantes de la ciudad, como el Museo de Shanghai, el Gran Teatro y el Museo de Arte.
Originalmente, fue un hipódromo durante la época colonial, pero hoy es un lugar de encuentro para locales y turistas.
Los jardines y las zonas de esparcimiento son un espacio de respiro en medio del tráfico y el bullicio donde se reúnen muchos locales, los verás jugando al Mahjong, o practicando Tai Chi


Desde aquí puedes seguir recorriendo la la famosa calle comercial Nanjing Road.
Nanjing Road
Nanjing Road es la calle comercial más famosa de Shanghai y puede que una de las más concurridas del mundo. Son más de cinco kilómetros, divididos entre en Nanjing Road Este, que va desde el Bund hasta la Plaza del Pueblo, y Nanjing Road Oeste, más lujosa y con tiendas de alta gama.
Caminar por Nanjing Road es zambullirte de cabeza en un festival de luces de neón, carteles publicitarios y escaparates llamativos.

Aquí te encuentras grandes almacenes históricos con marcas internacionales, centros comerciales modernos y restaurantes para todos los gustos.
Por la noche, el ambiente se vuelve más interesante, con artistas callejeros y el ir y venir constante de visitantes. Nanjing Road no es solo un lugar para comprar, es también el escaparate del dinamismo de Shanghai, donde vas a encontrar casi todo, una experiencia vibrante e inolvidable.
Jing’an temple
Templo Jing’an, nombre significa “Templo de la Paz y la Tranquilidad”, es uno de los templos más antiguos y emblemáticos de Shanghai.

Lo que más me llamó la atención de este templo, es que el significado de su nombre es cierto, Paz y Tranquilidad. Está en el corazón del moderno distrito de Jing’an, imagina el caos que se respira fuera, y al entrar todo cambia.

Este templo budista destaca por su impresionante arquitectura, con tejados dorados que brillan al sol y la imagenes de Buda que vas encontrando en las distintas salas a las que tienes acceso.
Shanghai es una de esas ciudades que te sorprenden a cada paso. Esa mezcla de historia y modernidad, las grandes avenidas llenas de coches, con la calma de sus jardines, las calles con sus centros comerciales y la paz de sus templos.
En Shanghai es el destino donde vas a encontrar historia, modernidad, cultura y una energía vibrante que te va a enamorar.
Ah, y no olvides su gastronomía, que, como en todo China, es espectacular.
