Cuando escuchas Samarcanda o Samarkanda, el nombre ya te suena a leyenda, y te imaginas paseando por esas plazas que tantas veces has visto en fotografías y en artículos de viajes, y al fin tuvimos el privilegio de poder hacerlo. Esta ciudad, con más de 2.500 años de historia, fue parada imprescindible de la Ruta de la Seda. Aquí, se cruzaban caravanas cargadas de especias, sabios compartiendo ideas y artesanos, creando maravillas. Estaba deseando poder ver La plaza del Resistan.
Llegamos a Samarcanda en tren, en la entrada Viajar en tren en Uzbekistán te cuento todo sobre como viajar en tren en este maravilloso país. Cuando salimos de la estación y nos dirigíamos a nuestro hotel, la vista de la ciudad nos sorprendió sobre manera, era muy grande, tardamos más de media hora en llegar, estábamos alojados a 5 minutos caminando de la plaza del Resistan. Lo que vimos en ese trayecto fue una ciudad moderna, muy moderna, sus avenidas, anchas, algunas de 3 carriles, con bastante tráfico, restaurantes y cafeterías muy modernos, y las tiendas no se quedaban atrás. Tendríamos que esperar a llegar a la zona de la plaza del Resistan para encontrar la Samarcanda que estábamos deseando ver, la Samarcanda que fue punto de encuentro de comerciantes, sabios y artesanos que dejaron su huella en sus mezquitas, madrazas y mausoleos. Queríamos las calles y plazas que nos hicieran sentir esa aura mágica de viajeros y caravanas repletas de especias y relatos, que encontramos en la ciudad de Que ver en Khiva, una ciudad detenida en el tiempo
Que visitar en Samarcanda
Plaza del Registan

Madrasa de Ulugh Beg
La primera que vimos fue la Madrasa de Ulugh Beg. Construida en el siglo XV por Ulugh Beg, nieto de Tamerlán y gran astrónomo, esta madrasa fue una de las instituciones educativas más prestigiosas de Asia Central. Se nota su amor por la ciencia en los intrincados mosaicos de estrellas y formas geométricas que decoran la fachada.

Aquí se formaron sabios que impulsaron el conocimiento en la región. Cuando te paseas por el patio, hoy las celdas son tiendas de recuerdos, te puedes imaginar a los estudiantes con pergaminos, discutiendo sobre el universo y otras cosas.

Su portal monumental y los delicados detalles de su fachada hacen de ella una obra maestra que combina arte y ciencia, recordando el legado intelectual de Samarkanda.
Madrasa de Sher-Dor

Justo enfrente vamos a encontrar la Sher-Dor, esta fachada nos sorprendió por un detalle único: en su fachada aparecen tigres solares, algo que, por lo que nos comentaron, es muy poco común en el arte islámico. Estos tigres brillan poderosos entre mosaicos de colores intensos, la verdad es que, siendo preciosos, destacan por no ser lo normal.
Su nombre significa “que porta leones”, es difícil no quedarse un buen rato simplemente observándolo.
Madrasa Tilya-Kori

La tercera es la madrasa Tilya-Kori, es espectacular.
Aquí sí que nos quedamos sin palabras. Al entrar en su sala de oración, bañada en pan de oro, todo resplandece con esa luz cálida y envolvente que la hace tan especial. Es imposible no quedarse la boca abierta mirando con hacia arriba, es como si la cúpula se abriera al infinito.
Esta madrasa fue escuela y mezquita principal, y hoy sigue transmitiendo esa mezcla de saber y espiritualidad. De las tres, es la que más nos impresionó por dentro.

La necrópolis de Shah-i_Zinda

Subir las escaleras hasta Shah-i-Zinda es como entrar en un pasillo de piedras preciosas. Los mausoleos que lo conforman parecen engastados en turquesa y lapislázuli.
Cada portal es diferente, cada mosaico es único, y juntos forman una sinfonía de azules que deslumbra.


La tradición dice que aquí descansa Qusam ibn Abbas, primo del profeta Mahoma, lo que convierte al lugar en sitio de peregrinación.
El observatorio de Ulugh Beg
Pocos lugares sorprenden tanto como el observatorio de Ulugh Beg.

Aunque hoy solo quedan restos, se puede ver el gigantesco sextante de piedra que utilizó para estudiar el cielo con una precisión asombrosa. Imaginar a un gobernante que en vez de solo conquistar territorios miraba a las estrellas me pareció fascinante.

Desde aquí salió un catálogo estelar que influyó en la ciencia mundial. Estar en este lugar es recordar que Samarkanda fue también un centro de conocimiento, no solo de belleza.
¿Quién fue Ulugh Beg? El príncipe que miraba las estrellas
Cuando visitas Uzbekistán vas a escuchar en varias ocasiones hablar de Ulugh Beg, nosotros ya lo empezamos a oír referencias suyas en Tashkent.

Descubrir a este personaje tan distinto a los gobernantes de su época. Nieto del poderoso Tamerlán, Ulugh Beg no soñaba con conquistas, sino con comprender el universo.
Su verdadera pasión no era la guerra, sino el conocimiento. En el siglo XV construyó una de las madrazas más prestigiosas del mundo islámico y un observatorio astronómico que revolucionó la ciencia. Con su equipo de astrónomos, elaboró un catálogo estelar de una precisión asombrosa, siglos antes del telescopio moderno. Ulugh Beg gobernó con la mente de un científico y el corazón de un soñador.
Su espíritu aún se siente en la ciudad: un recordatorio de que el verdadero poder no siempre se mide en territorios, sino en conocimiento.
Mezquita Bibi-Khanym

Justo antes de entrar al mercado vas a encontrar la majestuosa Mezquita Bibi-Khanym.
Es uno de los símbolos más imponentes del poder de Tamerlán. Dicen que Tamerlán la mandó construir para su esposa favorita, aunque las leyendas hablan de un amor imposible entre ella y el arquitecto.


Su cúpula azul domina el horizonte y parece tocar el cielo, y sus muros cubiertos de mosaicos que brillan bajo el sol de Samarkanda, al acercarse, los mosaicos resplandecen como si el sol jugara con ellos.
El bazar de Siyab

Después de tanta historia, nada mejor que perderse en el bazar Siyab. Es un torbellino de colores, aromas y sonidos. El bazar Siyab es el alma cotidiana de Samarkanda, un lugar donde la historia se mezcla con la vida actual.

En los mercados es donde se ve la vida local, entre sus puestos de frutas secas y frescas, los panes con diseños imposibles y los saludos de los vendedores ofreciéndote sus productos para tentarte a probarlos, es donde vas a tomar el pulso al la gente tan acogedora de esta ciudad.

Este es el sitio perfecto para sumergirse en los colores y sabores de Uzbekistán

Cuando visitas Samarkanda estás leyendo un libro donde en cada página vas a leer una leyenda distinta, vas a disfrutar de una arquitectura sublime y tradiciones de fantasía.
Sus monumentos son majestuosos y espectaculares, pero lo que más se nos quedó grabado es la sensación de estar en el cruce de culturas, en un espacio donde pasado y presente conviven. Tomar un té en el bazar, contemplar el oro de una madrasa o perderse entre mosaicos azules es mucho más que turismo: es viajar en el tiempo.
Samarcanda, y todo Uzbekistan, se ha hecho un hueco en nuestro corazón.
