Descubre el impresionante Monasterio Colgante de Datong y las Cuevas de Yungang en China, un viaje en el tiempo que te resultará inolvidable, vas a estar entre naturaleza e historia del pasado.
Monasterio Colgante de Xuankong
¿Un templo pegado a una pared de roca, suspendido a más de 50 metros del suelo? No, no es una escena de película de aventuras (aunque lo parece), esto solo lo podíamos encontrar en China. Es el impresionante Monasterio Colgante de Datong, lugar único en el mundo, donde la gravedad parece tomarse un descanso.
Viajar por China es como abrir un cofre lleno de sorpresas, y hay días en los que te toca el premio gordo. Como ese en el que, empezamos el día con un madrugón bien temprano para, desde Pekín, coger un tren, y plantarnos en Datong para visitar el famoso Monasterio Colgante, una maravilla que parece sacada de un sueño (o de un documental de ingeniería extrema). Y ya que estábamos en la zona, aprovechar y visitar también las Cuevas Budistas de Yungang. Dos lugares espectaculares. Te cuento cómo lo hicimos… y por qué deberías hacerlo tú también.
¿Cómo llegar al Monasterio Colgante de Xuankong?
Nosotros estábamos en Pekín, y desde allí puedes ir en tren rápido y estar en Datong en unas 2-3 horitas. Nuestra opción, pero si vas justo de tiempo, presupuesto o simplemente te gusta la aventura, el tren nocturno es una opción muy popular. Te subes por la noche, duermes (con suerte), y amaneces en Datong listo para la aventura… ¡y encima te ahorras una noche de hotel!

Una vez llegamos a la estación de tren de Datong, cogimos un taxi directo al Monasterio Colgante, que está a aproximadamente una hora del centro. Nada más bajar del tren, nos interceptaron dos taxistas, una chica y un hombre mayor, con las mochilas a la espalda, te reconocerán enseguida. Pactamos el precio enseguida, ya había leído en varios grupos de Whatsapp y blogs que, a fecha del 2025, por hacer la excursión completa, Monasterio y Cuevas y esperarte, la tarifa era de 400 CNY (300 CNY si solo quieres ver el monasterio). Nos fuimos con ella, y sorpresa, el taxista era su marido, ella era la que captaba los clientes.
Emprendimos el camino, una parada técnica para coger un par de cafés para llevar, y rumbo a la esperada visita.
Cuando llegamos, nos dejó en el aparcamiento y tuvimos que caminar un tramo, ya antes de llegar a las taquillas lo vas a encontrar.

Me sorprende que, antes incluso de pagar nada, puedas recrearte con la visión de esta maravilla.
El Monasterio Colgante: desafiando la gravedad (y el vértigo)
Imagina un templo pegado literalmente a la pared de un acantilado, suspendido a más de 50 metros de altura, sostenido por unos pilares de madera que parecen más decorativos que estructurales. Así, sin anestesia. Bienvenidos al Monasterio de Xuankong, también conocido como el Monasterio Colgante de Datong.
Y aunque no seas fan de la arquitectura o la historia, te prometo que este lugar te atrapa. Es como si Indiana Jones y un ingeniero loco se hubieran juntado para hacer una obra maestra.
¿Qué lo hace tan especial? Fue construido hace más de 1.500 años, en plena dinastía Wei del Norte. Lo curioso es que no pertenece solo a una religión: aquí conviven el budismo, el taoísmo y el confucianismo, todos felices y bien organizados. Paz, sabiduría y equilibrio… colgados de un risco.
Además de espiritual, el lugar tenía su lado práctico: su posición elevada lo protegía de inundaciones, ataques y… bueno, de todo. Hasta los monjes sabían lo que hacían.
Cuando hayas pagado la entrada, nosotros no tuvimos que hacer nada de cola, a pesar de llegar a media mañana, sería que era marzo, o que hacía un frío de cuidado. Tras pase la taquilla hay un tramo hasta llegar al inicio de las escaleras del Monasterio de Xuankong, aprovecha ese paseo para maravillarte con el paisaje y la vista de este.

Por cierto, lo que he dicho del frío, era cierto, fijaros en la foto, el río estaba congelado. Pero la verdad es que nos dio igual, estar allí merecía la pena y se te pasan todos los males.

Cuando llegues a las escaleras que hacen de entrada a esta maravilla, sube, respira y no mires abajo,

La visita es espectacular, pasando por los estrechos pasillos, subiendo escaleras de piedra, algunas complicadas, las barandillas… a la altura de la media del ciudadano chino de la época, nada que ver con nuestros estándares de altura, vamos que vértigo da un rato.
Aunque parece que todo está sostenido por los palitos de madera, en realidad la magia está dentro del acantilado. Hay vigas empotradas en la roca que distribuyen el peso de forma brillante. Es un ejemplo de cómo la creatividad humana puede rozar la locura… y salir bien.
¿Tienes vértigo? Este sitio es tu prueba final. Algunas pasarelas son tan estrechas que sentirás que caminas por el borde del mundo. Pero tranquilo, la estructura es segura (lleva más de mil años en pie, ¡algo sabrán!).

Eso sí, la vista desde ahí arriba es para enmarcar. Entre la adrenalina y el paisaje, sales de ahí alucinado, con unas cuantas fotos para el recuerdo y recordando las barandillas de tu terraza.

Cuevas Budistas de Yungang

Después de la visita a esa maravilla, tocaba la segunda parada del día: las Cuevas Budistas de Yungang, a unos 45 minutos en coche desde el Monasterio. Nos esperaban el el aparcamiento nuestra pareja, que nos dieron unas mandarinas que estaban estupendas, la verdad es que la fruta que comimos en este viaje, que fue bastante, estaba deliciosa.
Cuando llegamos al recinto de las Grutas o Cuevas, la sensación cambia por completo: pasamos del vértigo al asombro y la paz.


Este sitio es un Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 2001, y con razón. Es como entrar a un mundo antiguo donde la espiritualidad se convirtió en arte a golpe de cincel.
Más de 51.000 estatuas y figuras budistas.
Sí, has leído bien. Hay más de 51.000 estatuas y figuras budistas talladas en 252 cuevas. Algunas son tan pequeñas que parecen miniaturas, otras tan grandes que tienes que alejarte para verlas enteras (y aun así no caben en la foto).


El recinto es una combinación perfecta entre historia, arte y paz interior. El sitio te invita a tomarte tu tiempo, a observar y a quedarte en silencio (cosa rara cuando viajas).
Es como pasear por un pueblo antiguo, lo que parecen casas, son la entrada a una gruta con las imágenes esculpidas.

Podrías pasar horas recorriendo y parándote en cada esquina.

Aunque no seas budista, sales de ahí un poco más zen.

Y si eres de los que viajan con la cámara al cuello, aquí vas a disfrutar como niño en parque de atracciones. No hay ángulo malo.

Las Cuevas Budistas de Yungang que no te puedes perder:
Cueva 5: ahí vas a encontrar un Buda de 17 metros que te hace sentir pequeño como un grano de arroz. Es monumental, majestuoso y, sobre todo, muy fotogénico.
Cueva 6: una especie de cómic de piedra que narra la vida de Buda. Es tan detallada que podrías pasarte horas descubriendo escenas talladas con precisión milimétrica.
Cueva 20: aquí está el icónico Buda al aire libre que aparece en todas las postales. Ideal para meditar… o para hacerte la mejor foto de perfil del año.
Finalizamos nuestra visita y nuestros amigos conductores, nos dejaron en el barrio antiguo de Datong. Donde aún tuvimos un poco de luz para dar una vuelta y ver la plaza principal.


El barrio antiguo lo vas a recorrer en una par de horas, tomándotelo con calma, es agradable, y si cuentas que estuvimos prácticamente solos, fue una maravilla,

Decidimos dar por finalizado el día, e ir a cenar. Fue todo un acierto, el restaurante, estaba justo detrás del hotel, simplemente vimos que había mucho movimiento, la comida está riquísima, el precio local, y encima te rellenaban el vaso de té cada vez que lo acababas je, je, je


Estos fideos son típicos de esta zona, los llaman orejas de gato, no preguntéis por qué…

La visita a Datong, fue corta, salimos temprano de Pekín en tren y al llegar, fuimos a ver el monasterio y las cuevas en el mismo día, la tarde/noche, la dedicamos a pasear por el casco histórico de Datong.


Un imprescindible de Datong: el legendario Muro de los Nueve Dragones. Construido en tiempos de la dinastía Ming, este coloso de 45,5 metros de largo, 8 de alto y 2 de ancho no solo impresiona por su tamaño, sino porque es el más antiguo y grandote de todos los muros de dragones esmaltados que aún sobreviven en China.

Comentar que era marzo, y que los días eran cortos, digamos que en ese tiempo te va a dar tiempo a ver lo esencial de la ciudad, si quieres conocer la ciudad un poco más, a fondo deberías dedicarle un día más. Nosotros al día siguiente madrugamos de nuevo para seguir camino a la siguiente ciudad que teníamos en nuestra ruta, Pingyao, te lo cuento todo aquí.
Después de tanta piedra tallada y dragón mirando raro, solo me queda preguntarte: ¿te animarías a visitar el Monasterio del vertigo y cuevas talladas por el tiempo?
Déjame tu impresión o cuéntame qué rincón de Datong te ha sorprendido más. ¡Te leo!
