Hay ciudades que te sorprenden porque todo el mundo habla maravillas de ellas. Y luego está Aveiro, que consigue justo lo contrario: llegas pensando que vas a ver una ciudad bonita con un par de canales… y te marchas preguntándote por qué no habías venido antes.
Nosotros aprovechamos una escapada de cuatro días por Portugal y utilizamos Aveiro como base. Desde aquí recorrimos Oporto, Guimarães y Amarante, y tuvimos la oportunidad de descubrir esta pequeña ciudad costera que, aunque muchos conocen como la Venecia portuguesa, tiene personalidad propia y muchísimo más que ofrecer que unos cuantos barcos de colores.

Porque sí, los famosos moliceiros son preciosos, los canales tienen mucho encanto y las casitas modernistas parecen sacadas de una postal. Pero Aveiro también es un lugar para pasear sin prisa, perderse por calles tranquilas, descubrir rincones inesperados, comer muy bien y terminar el día viendo el Atlántico desde una de las playas más bonitas de Portugal.
En esta guía te contamos qué ver en Aveiro en un par de días, mientras intercalas visitas a otras ciudades cercanas, y con un recorrido optimizado para aprovechar el tiempo, consejos prácticos, dónde aparcar gratis, qué visitar en los alrededores y todos esos pequeños detalles que nos habría gustado conocer antes de viajar.
¿Merece la pena visitar Aveiro?
Rotundamente sí.
Aunque personas visitan Aveiro en una excursión de unas pocas horas desde Oporto y regresan pensando que ya la conocen. Nosotros creemos que es un error.
Aveiro no es una ciudad para correr. Al contrario que Lisboa u Oporto, no tiene decenas de lugares resaltables que visitar ni una lista interminable de museos. Su encanto está precisamente en lo contrario: pasear sin prisa, perderse entre sus calles, sentarse junto a un canal con un café en la mano y dejar pasar los coloridos moliceiros mientras la vida transcurre a otro ritmo.

Nosotros te recomendamos dedicarle dos días completos, porque así también podrás descubrir uno de los rincones más fotogénicos de Portugal: Costa Nova, con sus famosas casas de rayas de colores, y recorrer los tranquilos Passadiços de Aveiro, un paseo perfecto para desconectar.
Y además tiene varias ventajas:
- Es una ciudad pequeña y muy cómoda para recorrer andando.
- Los precios son bastante más económicos que en Oporto.
- Tiene una excelente oferta gastronómica.
- Es una base perfecta para recorrer el norte de Portugal.
- Combina patrimonio, playa, naturaleza y buena gastronomía en muy pocos kilómetros.
Para nosotros fue una de las grandes sorpresas del viaje y, sin duda, volveríamos. Una buena forma de empezar a conocer cualquier ciudad es siempre un free tour; aquí te dejo los que nosotros hicimos:
¿Por qué la llaman la Venecia portuguesa?
Cuando buscas información sobre Aveiro, verás que prácticamente todas las guías la presentan como «la Venecia portuguesa».
Y sí… tiene canales.
Pero ahí terminan la mayoría de las similitudes.
Los canales de Aveiro no nacieron para el transporte de personas, como ocurrió en Venecia. Su origen está ligado a la industria de la sal y a la recogida del moliço, un tipo de alga marina que durante siglos se utilizó como fertilizante agrícola.
Los coloridos barcos que hoy pasean a los turistas son los tradicionales moliceiros, antiguas embarcaciones de trabajo que recorrían la ría cargadas de algas. Actualmente, se han convertido en el símbolo de la ciudad y ofrecen recorridos de unos 45 minutos por los principales canales.


Aveiro tiene canales, barcos y puentes, igual que Venecia. Hasta ahí llegan las similitudes. Los canales que hoy atraviesan la ciudad no nacieron para transportar personas, sino para una actividad mucho más práctica: mover mercancías y facilitar el trabajo relacionado con la pesca y la recolección del moliço, una planta acuática que se utilizaba como fertilizante en los campos.Tampoco encontrarás aquí palacios renacentistas, góndolas ni un laberinto de cientos de canales. Aveiro es mucho más pequeña, más tranquila y mucho más luminosa.
De hecho, creemos que compararla continuamente con Venecia le hace un flaco favor. Aveiro no necesita parecerse a nadie para enamorar. Tiene identidad propia, una historia muy ligada al mar, una arquitectura modernista sorprendente, una gastronomía deliciosa y un ambiente relajado que la convierten en uno de los destinos más agradables del centro de Portugal.
Aveiro no pretende ser una copia de Venecia, así que nuestro consejo es sencillo: olvídate de buscar una pequeña Venecia… y disfruta de Aveiro por lo que realmente es.
Nuestra ruta por Aveiro
Nos alojamos en un apartamento muy cerca del centro de Aveiro. Organicé este viaje para compartir con mi madre y mi tía, ambas con 76 y 78 años, cada una en su haber, pero con muchas ganas de seguir conociendo lugares como este.
El centro histórico puede visitarse perfectamente caminando y prácticamente todos los puntos de interés se encuentran a menos de quince minutos unos de otros.
Nuestro consejo es olvidarte del coche durante el primer día. No lo vas a echar de menos para conocer el corazón de Aviro.
Ponte unas zapatillas cómodas y prepárate para descubrir una ciudad donde siempre acabarás encontrando un canal, un puente lleno de color o una cafetería donde hacer una pausa.
Barrio Beira Mar, el alma de Aveiro
Si hay un lugar que resume la esencia de la ciudad, ese es el Barrio Beira Mar. Hace siglos era el barrio donde vivían pescadores, comerciantes y marineros. Hoy es el rincón más animado y con más encanto de Aveiro.
Sus calles empedradas invitan a perderse. Y eso es exactamente lo que tienes que hacer, no tengas miedo a salirte de las calles principales; las callejuelas del Beira Mar esconden algunas de las fachadas más bonitas de la ciudad y pequeños restaurantes donde se come mucho mejor que en las zonas más turísticas.


Las fachadas conservan ese aire portugués que tanto nos gusta, mezclando casas tradicionales con pequeños restaurantes, terrazas y tiendas donde todavía venden productos artesanales.
Lo mejor que puedes hacer aquí es exactamente… no tener prisa.
Cada pocos metros aparece un pequeño canal, un puente, una bicicleta, un rincón lleno de flores.
Y empiezas a entender por qué Aveiro enamora tanto a quienes la visitan.
Es una ciudad muy fotogénica, pero sin la masificación que encontramos en otros destinos portugueses; aquí todavía es posible caminar escuchando únicamente el sonido del agua y las conversaciones de los vecinos.
Los canales de Aveiro
En varios momentos acabarás aquí. Porque toda la ciudad gira alrededor de ellos.
Los cuatro canales principales dividen el centro histórico y son los responsables de que Aveiro tenga una personalidad tan característica. Antiguamente eran auténticas autopistas acuáticas. Hoy son el escenario perfecto para pasear.
A cualquier hora verás pasar moliceiros, patos, pequeñas embarcaciones privadas y personas caminando tranquilamente por las orillas. Hay bancos para sentarse, terrazas, heladerías.


Y decenas de rincones donde simplemente quedarse observando la vida pasar.
Nos llamó mucho la atención el ambiente; no hay prisas, nadie parece correr, todo invita a bajar el ritmo, y eso, cuando vienes de ciudades grandes, se agradece muchísimo.
¿Merece la pena montar en un moliceiro?
Esta es probablemente la pregunta que más nos hicimos antes del viaje, y nuestra respuesta es…
Sí, pero sabiendo lo que vas a encontrar.
No es un paseo romántico al estilo de una góndola veneciana, los moliceiros son embarcaciones tradicionales portuguesas utilizadas antiguamente para recoger el moliço.
Hoy realizan recorridos turísticos de unos 45 minutos por los principales canales.
Durante el trayecto, el guía explica la historia de la ciudad, curiosidades sobre los edificios y el origen de estas curiosas embarcaciones. Lo más divertido es fijarse en la proa.
Muchos moliceiros llevan dibujos humorísticos o incluso un punto picante, una tradición muy antigua que los marineros utilizaban para burlarse de personajes famosos o hacer bromas entre pueblos vecinos.

Nos pareció un paseo agradable y una forma diferente de descubrir Aveiro desde otra perspectiva.
¿Es imprescindible? Probablemente no.
¿Lo recomendamos? Sí, especialmente si es tu primera visita.
El corazón de Aveiro: puentes con historia, edificios llenos de encanto y el dulce que conquistó Portugal
Después de recorrer el Barrio Beira-Mar y pasear junto a los canales, llega el momento de adentrarnos en el verdadero corazón de Aveiro. En apenas unos cientos de metros vamos a descubrir algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad.
Lo mejor es que todo está muy cerca. No tendrás que consultar el mapa cada dos por tres; simplemente sigue caminando y deja que los canales te guíen.
Ponte da Amizade, el puente donde miles de personas dejan un recuerdo
Si has buscado fotos de Aveiro en Instagram, seguro que ya lo has visto.
El Ponte da Amizade, o Puente de la Amistad, es probablemente el puente más fotografiado de toda la ciudad. Y no por su arquitectura, sino por los cientos de cintas de colores que cubren sus barandillas.

Al acercarte descubrirás que cada una de ellas lleva escrito un nombre, una fecha, una dedicatoria o una promesa.
Hay mensajes de amistad, declaraciones de amor, recuerdos de viajes e incluso alguna que otra petición de matrimonio. Es imposible no detenerse unos minutos para leer algunas de ellas.
Nos pareció un rincón muy curioso porque, a diferencia de los famosos candados de ciudades como París o Roma, aquí la tradición consiste en dejar un pequeño lazo de colores como símbolo de amistad o cariño. El resultado es un puente alegre, lleno de vida y que cambia constantemente.
Si viajas con amigos o en pareja, puedes llevar una cinta de tela de casa y escribir una dedicatoria antes de colocarla. Es un recuerdo sencillo y mucho más original que un candado. Cada visita es diferente.
Puente de Carcavelos, el puente más antiguo de Aveiro
A pocos minutos del Ponte da Amizade encontramos otro puente mucho menos llamativo, pero con mucha más historia. El Puente de Carcavelos es el puente más antiguo de Aveiro.
Aunque la estructura actual fue reconstruida en el siglo XX, este paso comunica ambas orillas desde hace siglos y era una pieza fundamental para unir el casco histórico con los barrios de pescadores.

Lo curioso es que muchos turistas pasan por él sin darse cuenta de su importancia; no tiene colores llamativos, no está lleno de cintas, no aparece constantemente en Instagram.
Pero precisamente eso hace que conserve un aire tranquilo y auténtico, y desde aquí se obtienen además unas vistas preciosas del canal y de las fachadas tradicionales reflejadas en el agua.
Si madrugas un poco, probablemente puedas disfrutarlo casi en soledad.
Y créenos, en un viaje a una ciudad tan tranquila como Aveiro, esos pequeños momentos son de los que mejor se recuerdan.
Plaza de la República, el salón de Aveiro
Toda ciudad portuguesa, o de cualquier país, tiene una plaza donde parece que termina llegando todo el mundo.

En Aveiro esa función la cumple la Praça da República. Aquí encontrarás terrazas siempre animadas, cafeterías, edificios históricos y un ambiente muy agradable durante todo el día, este es el lugar perfecto para hacer una pequeña pausa antes de continuar la ruta.
Nos llamó la atención lo bien cuidada que está, los árboles proporcionan sombra durante buena parte del día y siempre hay gente sentada conversando o simplemente observando el ir y venir de los turistas.
Frente a la plaza se levanta uno de los edificios más representativos de la ciudad: el Ayuntamiento.

Muy cerca también encontrarás la iglesia de la Misericordia, cuya fachada de azulejos blancos y azules es una auténtica joya del barroco portugués.
Si te gustan los detalles arquitectónicos, dedica unos minutos a contemplarla con calma.
Portugal nunca decepciona cuando se trata de azulejos.

Catedral de Aveiro, pequeña por fuera, sorprendente por dentro
Puede que la Catedral de Aveiro no impresione desde el primer vistazo. De hecho, muchos visitantes pasan junto a ella pensando que se trata de una iglesia más. Y Nada más lejos de la realidad.
La Sé de Aveiro, como la conocen los portugueses, ocupa el antiguo convento dominico y ha sufrido numerosas reformas a lo largo de los siglos. Su fachada mezcla diferentes estilos arquitectónicos, fruto de las reconstrucciones que ha vivido desde el siglo XV.

Pero es al cruzar la puerta cuando aparece la sorpresa. El interior resulta mucho más elegante de lo que uno imagina desde fuera. La luz entra suavemente por las ventanas, creando un ambiente muy tranquilo que invita a detenerse unos minutos.
No esperes una catedral gigantesca como las de Oporto o Braga. Su encanto está precisamente en su sencillez.
Es uno de esos lugares donde el silencio parece formar parte de la visita.
Una curiosidad: La diócesis de Aveiro desapareció durante casi dos siglos y no fue restaurada hasta 1938. Desde entonces, la antigua iglesia conventual pasó a convertirse oficialmente en la catedral de la ciudad.
Museo de Santa Joana, el gran tesoro cultural de Aveiro
Si hubiera que recomendar una visita de interior en toda la ciudad, sería esta. El Museo de Santa Joana ocupa el antiguo Convento de Jesús, uno de los edificios históricos más importantes de Aveiro.
Aquí vivió durante buena parte de su vida la princesa Juana de Portugal, hija del rey Alfonso V. Renunció a una vida llena de privilegios para ingresar en el convento y dedicar su existencia a la vida religiosa. Con el paso de los años fue venerada por los habitantes de Aveiro hasta convertirse en su patrona.
Hoy el museo conserva parte del convento original. Y recorrerlo es casi como viajar varios siglos atrás.
Encontrarás:
- Claustros perfectamente conservados.
- Salas decoradas con azulejos antiguos.
- Esculturas religiosas.
- Pinturas.
- Mobiliario histórico.
- El impresionante mausoleo barroco de Santa Joana.
Incluso si no eres especialmente aficionado a los museos, merece mucho la pena entrar. El edificio en sí ya justifica la visita.
Nos sorprendió especialmente la tranquilidad que se respira en sus patios interiores. Después del bullicio de los canales, parece otro mundo.
Horarios: Abierto de martes a domingo, de 10:00 a 12:30 y de 13:30 a 18:00
Entrada general: 4 € por visitante.
Mayores de 65 años y jubilados: 2 €.
Menores de 14 años: Entrada gratuita
Estos horarios fueron en agosto del 2026; recomiendo consultar en otras fechas
Plaza Marques de Pombal
No será la plaza más famosa de Aveiro, pero creo que merece un paseo hasta ella. La Praça Marquês de Pombal es uno de esos sitios en los que, si miramos un poco más allá de lo evidente, descubrimos una parte importante de la historia de la ciudad.

La plaza actual nació a comienzos del siglo XX, cuando el Ayuntamiento decidió abrir un nuevo espacio urbano en esta zona. Y para hacerlo tuvo que tomar una decisión bastante drástica: demoler buena parte del antiguo Convento de São João Evangelista, el convento de las Carmelitas.
Sí, literalmente se cargaron una parte del convento para hacer sitio a la plaza.
Hoy cuesta imaginarlo porque la iglesia permanece en pie y parece formar parte de la plaza desde siempre, pero originalmente el conjunto conventual era mucho más grande. La intervención de 1904-1905 acabó con una parte importante de las dependencias, entre ellas el coro alto, parte del claustro y varias capillas.
Y aquí viene lo interesante: la Iglesia de las Carmelitas es precisamente lo que sobrevivió de aquel antiguo convento.
Iglesia de las Carmelitas
La Igreja das Carmelitas, oficialmente iglesia del antiguo Convento de São João Evangelista, tiene sus orígenes en el siglo XVII.
El convento está relacionado con D. Brites de Lara e Meneses, viuda de Pedro de Médicis, que mandó construir inicialmente un palacio junto a las antiguas murallas de Aveiro. Su deseo era que aquel edificio terminara convirtiéndose en un convento. Finalmente, su heredero, D. Raimundo de Lencastre, IV Duque de Aveiro, consiguió la autorización y en 1658 llegaron a Aveiro las primeras monjas carmelitas.

Las obras y la decoración del conjunto se prolongaron durante unos dos siglos, por lo que la iglesia terminó convirtiéndose en un auténtico catálogo de diferentes momentos del arte portugués.
Y aquí viene la sorpresa, por fuera es bastante sobria. Dicen que hay que entrar, y habrá que hacerlo.
El interior es uno de esos lugares que hacen entender por qué Portugal tiene tanta fama cuando hablamos de iglesias.
La iglesia pertenece al modelo portugués de las llamadas «iglesias forradas a oro», donde la talha dourada —la característica talla de madera dorada— comparte protagonismo con los azulejos azules y blancos. En su interior se pueden reconocer diferentes etapas de la talha portuguesa, desde el periodo protobarroco hasta el barroco y el rococó.
La iglesia fue declarada Monumento Nacional en 1910, apenas unos años después de la gran transformación de la plaza.
Cuando estàs delante de la iglesia, ves que no queda prácticamente nada del enorme convento que existió alrededor. Solo permanecen algunos elementos de las antiguas dependencias conventuales, entre ellos una de las torres y parte del claustro..

El horario es de 10:00 a 12:30 y de 13:30 a 18:00
Nosotros no pudimos entrar, una verdadera pena, escusa para regresar.
El edificio de Correos: una mirada a la Aveiro del siglo XX
Frente a la iglesia encontramos otro edificio que quizá pase desapercibido entre tanta historia religiosa: el Edificio de los CTT, los Correios de Portugal.
No tiene la espectacularidad de la Iglesia de las Carmelitas, pero también forma parte de la historia de esta plaza.El actual edificio de Correos fue inaugurado el 26 de abril de 1942, en plena transformación urbana de esta zona de Aveiro.
Actualmente sigue funcionando como oficina de los CTT y conserva su ubicación en el número 23 de la Praça Marquês de Pombal.


Lo curioso es que el edificio llegó a estar incluido en un procedimiento para estudiar su posible clasificación patrimonial. Sin embargo, en 2012 el procedimiento fue archivado al considerarse que no tenía valor patrimonial de ámbito nacional, aunque se señalaba que podía ser más adecuada una eventual protección de carácter municipal.
Así que aquí tenemos un pequeño contraste muy interesante:
A un lado de la plaza, una iglesia del siglo XVII declarada Monumento Nacional; al otro, un edificio público del siglo XX que representa otra etapa completamente diferente de la historia de Aveiro.
Y entre ambos, una plaza que nació precisamente de la transformación de aquel antiguo espacio conventual.
Después de esta parada, podemos continuar nuestra ruta hacia la Catedral de Aveiro y el Museo de Santa Joana, que se encuentran a pocos minutos caminando.
Ovos Moles, el dulce que nació entre los muros de un convento
No puedes irte de Aveiro sin probarlos, y no, no vale comprarlos en un supermercado de camino a casa.
Los Ovos Moles forman parte de la identidad de la ciudad.
Su historia comienza hace varios siglos, cuando las monjas de los conventos utilizaban enormes cantidades de claras de huevo para almidonar los hábitos religiosos y elaborar hostias. ¿Y qué hacían con todas las yemas que sobraban?
Como en tantas otras zonas de Portugal, decidieron aprovecharlas mezclándolas con azúcar. Así nació uno de los dulces más famosos del país.
La receta es sorprendentemente sencilla:
- yema de huevo,
- azúcar,
- y una fina oblea que envuelve el relleno.
Pero, como ocurre con las mejores recetas tradicionales, el secreto está en las proporciones y en la elaboración.
Lo más curioso es que muchas piezas tienen forma de elementos relacionados con el mar: conchas, barriles, peces, caracolas, o pequeñas embarcaciones, un homenaje a la historia marinera de Aveiro.
Cuando los pruebas, entiendes enseguida por qué tienen tanta fama. Son extremadamente dulces, muy cremosos, prácticamente se deshacen en la boca.
Si eres goloso, será amor a primera vista; si no lo eres tanto… probablemente con uno tengas suficiente, pero lo que sí está claro es que debéis probarlos; habrá opiniones para todos los gustos en el grupo.
Nosotros recomendamos comprarlos en una pastelería tradicional del centro, donde siguen elaborándolos de manera artesanal; el sabor cambia muchísimo respecto a las versiones industriales.
Y si os animáis, aquí os dejo un taller para que os llevéis la experiencia y la receta a casa, un buen recuerdo del viaje
Costa Nova
A pocos kilómetros del centro encontramos una costa salvaje, playas infinitas, antiguas casas de pescadores convertidas en auténticos iconos de Instagram y uno de esos paseos de madera donde caminar sin rumbo se convierte en uno de los mejores recuerdos del viaje.
Esta zona es la parte más atlántica de Aveiro.
Una combinación perfecta de naturaleza, mar y arquitectura tradicional portuguesa.
Passadiços de Aveiro: caminar entre naturaleza y tranquilidad
Los Passadiços de Aveiro son unas pasarelas de madera que recorren una zona natural junto a la ría, creando un paseo sencillo, agradable y perfecto para desconectar.
Fue uno de los rincones que más nos sorprendieron de Aveiro. No esperes un trekking complicado. No hace falta llevar botas de montaña ni preparar una mochila llena de provisiones.
Es simplemente un paseo para disfrutar. Y precisamente ahí está su encanto.
Aquí no encontrarás grandes monumentos. Encontrarás algo mucho más difícil de encontrar en un viaje:
tranquilidad.
El recorrido transcurre entre paisajes de marisma, vegetación y zonas donde todavía se puede observar la fauna local. Es habitual ver:
- aves acuáticas,
- pequeños cangrejos,
- peces en las zonas más tranquilas de la ría,
- y personas disfrutando del paseo en bicicleta o caminando.
El terreno es completamente llano, por lo que es una actividad apta para prácticamente cualquier viajero. La distancia total del paseo depende del tramo que quieras realizar, pero puedes adaptarlo perfectamente a tu tiempo.
Nosotros recomendamos dedicarle entre una hora y hora y media. Suficiente para disfrutarlo sin convertirlo en una obligación.

Costa Nova: el pueblo de las casas de colores
Si hay una imagen que representa a Aveiro en redes sociales, probablemente sea esta: las famosas casas rayadas de Costa Nova.

Seguro que las has visto alguna vez, casitas de madera pintadas con franjas verticales de colores: rojo y blanco, azul y blanco, verde y blanco, amarillo y blanco.
Una detrás de otra, formando una de las calles más fotogénicas de Portugal.
Y siempre, como suele ocurrir, detrás de una imagen bonita hay una historia.
El origen de las casas listadas de Costa Nova:
Estas construcciones nacieron como antiguas casas de pescadores.

Cuando la pesca era la principal actividad de la zona, los marineros construían pequeños almacenes de madera donde guardaban sus redes, herramientas y aparejos. Con el tiempo, muchas de ellas comenzaron a utilizarse como viviendas de verano.
La tradición de pintarlas con rayas de colores tenía una función práctica: facilitar su identificación desde el mar. Cada familia utilizaba unos colores diferentes. Era una especie de «dirección» visual para quienes regresaban de faenar.
Lo que empezó como una necesidad terminó convirtiéndose en el símbolo de Costa Nova.
Y hoy es imposible pasear por aquí sin sacar el móvil varias veces.

Pasear por Costa Nova es algo más que hacerse una foto
Aunque las casas son la gran protagonista, Costa Nova merece mucho más que una visita rápida para hacerse una fotografía. El pueblo tiene un ambiente muy agradable.
Aquí vas a encontrar restaurantes especializados en pescado y marisco, terrazas, tiendas pequeñas, un paseo marítimo precioso, y una enorme playa abierta al Atlántico.
La zona de las casas tradicionales se encuentra junto a la ría.
Pero cruzando la carretera aparece otro paisaje completamente diferente: kilómetros de arena y un océano enorme.
Es una sensación curiosa: en pocos metros pasas de estar rodeado de casitas coloridas a encontrarte frente a una playa inmensa.
La playa de Costa Nova
Muchos portugueses eligen esta zona de vacaciones, y no es para menos; la playa es espectacular, amplia, salvaje, con ese aire atlántico mezcla de belleza y fuerza.
Pero ojo, no esperes un remanso cálido y agradable; el agua está fría. Muy fría, esto es el Atlántico norte, no en el Mediterráneo.
Pero precisamente esa temperatura es parte de su encanto. El paseo junto a las dunas es precioso y permite disfrutar del paisaje incluso si no es temporada de baño.
Recomendamos que vayas por la mañana, con tiempo para recorrerlo con calma; no iríamos únicamente a hacer la foto de las casas y marcharnos.
Nuestra recomendación es: Llegar por la mañana, pasear por las casas listadas, tomar algo en alguna terraza, caminar hasta la playa, comer pescado o marisco en algún bar o restaurante, disfrutar del ambiente.
Costa Nova se disfruta sin reloj.
Faro da Barra: el gigante que vigila el Atlántico
Y tras la mañana en Costa Nova, aunque no forma parte estrictamente de Costa Nova, recomendamos añadir esta parada si dispones de tiempo.
A pocos kilómetros encontramos el Faro da Barra, uno de los grandes símbolos de la costa de Aveiro.
Con sus aproximadamente 62 metros de altura, es el faro más alto de Portugal y uno de los más altos de Europa. Su presencia impresiona cuando te acercas.
Especialmente porque aparece de repente junto a una playa enorme.
Durante muchos años guio a los barcos que entraban y salían del puerto de Aveiro, una zona donde la navegación no siempre fue sencilla debido a los bancos de arena y las corrientes del Atlántico.
Hoy sigue funcionando como faro; para los viajeros se ha convertido también en un punto turístico. Si tienes la oportunidad y está abierto al público, subir sus escaleras merece la pena. La recompensa: unas vistas increíbles de la costa, la ría y las playas.
Eso sí… Son bastantes escalones, de 288 a 300, pero ya sabes lo que dicen: las mejores vistas casi siempre requieren un pequeño esfuerzo. Si consigues acceder, nosotros no pudimos conseguir cupo.
La entrada es gratuita, solo se puede visitar los miércoles, de 14:00 a 16:00, y las subidas se hacen por orden de llegada y en grupos cada hora aproximadamente; debes inscribirte antes de las 14:00 para conseguir hueco en la lista.
Mapa de nuestro recorrido
Y tú? conoces Aveiro?
