Llegamos a Bujará en tren desde Khiva, en uno de esos vagones soviéticos que parecen sacados de otra época y que cruzan Uzbekistán de punta a punta. El trayecto, aunque largo, tiene ese encanto nostálgico que te conecta con la historia del país. Puedes leer Viajar en tren en Uzbekistán
Bujará tiene ese aire de cuento oriental que te atrapa desde el primer paseo. Es fácil imaginar caravanas de mercaderes, sabios y viajeros cruzando sus calles hace siglos. En cada esquina hay una historia, una cúpula turquesa o una madrasa centenaria que recuerda la época dorada de este cruce de culturas. Pasear por su casco antiguo es un viaje en el tiempo: entre bazares, patios silenciosos y minaretes que parecen tocar el cielo. Déjate llevar por la imaginación mientras la recorres.
La muralla de Bujará

Una de las imágenes que tenemos de dos de las ciudades principales de Uzbekistán, Bujará y Khiva, aparte de madrasas y cúpulas, son sus murallas, con esas torres regordetas tan características y superfotografiadas también. Antiguamente, Bujará estaba completamente amurallada, con un perímetro de unos 10 kilómetros y más de doce puertas, actualmente gran parte de la antigua muralla exterior ha desaparecido, pero aún se pueden ver algunos tramos dispersos en los barrios más antiguos. Pasear junto a ellos te da una idea de la magnitud que tuvo la ciudad amurallada en su época de esplendor, cuando Bujará era una de las principales potencias de Asia Central.
El Ark de Bujará

El Ark fue la antigua residencia de los emires y sigue siendo una de las imágenes más icónicas de la ciudad.

La muralla de ladrillo, marca la entrada a un recinto que un día albergó palacios, mezquitas y dependencias administrativas
Cuando entras por su puerta entras en la historia: salas convertidas en museos, patios donde se celebraban ceremonias y restos de la vida cortesana.

Desde el parque arqueológico que lo rodea, se obtiene una panorámica preciosa de las cúpulas turquesas y los minaretes que hacen de Bujará una joya intacta.

Mezquita Bolo-Hauz

Justo en frente al Ark, ves la Mezquita Bolo-Hauz, una de las más pintorescas de la ciudad. Construida en el siglo XVIII como mezquita real, destaca por sus altas columnas de madera tallada que sostienen un techo pintado en vivos colores. Por la mañana, al amanecer, a la hora de los rezos, se escucha la voz de los fieles, este lugar tiene una magia especial.
Poi_Kalyan, el corazón de Bujará
El complejo Poi-Kalyan es el alma de la ciudad. Frente al majestuoso minarete y la mezquita infinita, aquí te sientes superpequeño, pero como dentro de un cuento de las mil y una noches. Si tienes suerte y no hay mucha gente, échale un poco de imaginación y puede que escuches resonar los ecos de la Ruta de la Seda.
El complejo Poi-Kaylan es un conjunto arquitectónico formado por los edificios que te detallo a continuación, a pesar de formar parte de un solo conjunto, tienen historias y construcciones diferentes.
Mezquita Kalyan

Construida en el siglo XVI, la mezquita Kalyan es una de las más grandes de Asia Central. Su amplio patio está rodeado de galerías y su cúpula azul central impresionan desde el momento en que entras. A pesar de que te impresiona lo bonita y grande que es, transmite una calma que hace que quieras quedarte un buen rato paseando por su patio un rato y observando cómo la luz cambia sobre los mosaicos. Debes cubrirte la cabeza para entrar, pero te hará sentir un poco más de magia, si eso es posible, en la visita.
Minarete Kalyan
Este minarete se levanta en el siglo XII, diseñado por Usto Bakó y construido por el gobernante Mohammad Arsian Khan. Este minarete de casi 50 metros de altura es el símbolo indiscutible de Bujará.
Se le conoce también como la “Torre de la Muerte” por las ejecuciones que se realizaban desde lo alto, hoy es un emblema de resistencia: ha sobrevivido a guerras, terremotos y siglos de historia.
Verlo al atardecer, iluminado suavemente, es una de esas imágenes que se te quedan grabadas.

Madrasa Mir-i Arab
Justo frente a la Mezquita Kalyan a madrasa Mir-i Arab, aun en funcionamiento como centro religioso. Su fachada decorada con mosaicos y sus cúpulas azules componen una de las postales más reconocibles de Bujará. La imagen más icónica de Bujará, la fachada de la Madrasa Mir-i Arab, y yo la pillé en plena restauración de su fachada, con los andamios montados. Pero eso no desluce su maravilla

Lo que la hace especial esta mezquita es precisamente eso: su vida. Ver a los estudiantes cruzando los patios, escuchar el murmullo de la oración… te recuerda que esta no es una reliquia del pasado, sino un lugar vivo.
Al caer la tarde, cuando el sol vuelve doradas las paredes de ladrillo, la escena desde el banco frente a la plaza es simplemente perfecta.
Madrasa Ulugh Beg y Madrasa Abdul Aziz Khan

En la plaza Registán de Bujará, frente a frente, dos joyas maravillosas: la Madrasa Ulugh Beg, del siglo XV, y la Madrasa Abdul Aziz Khan, del XVII.
Madrasa Ulugh Beg
La madrasa Ulugh Beg representa la sabiduría del astrónomo Ulugh Beg, aquí te hablo un poco de este personaje. Construida en el siglo XV por el astrónomo y gobernante Ulugh Beg, nieto de Tamerlán, esta madrasa fue uno de los grandes centros de conocimiento de su tiempo.

Su fachada, decorada con mosaicos en tonos azul y turquesa, refleja la elegancia sobria típica de su estilo. Aquí estudiaban matemáticas, astronomía y filosofía, bajo el impulso de un príncipe que veía la ciencia como un camino hacia la fe. En el interior paseas por un patio tranquilo, donde se ven las celdas, que ahora se han transformado en tiendas de recuerdos.
Madrasa Abdul Aziz Khan
Justo en frente de la madrasa Ulugh Beg, tienes la madrasa Abdul Aziz Khan, construida en el siglo XVII y pensada para deslumbrar. Su fachada está ricamente decorada con mosaicos, caligrafías doradas y motivos florales, justo lo contrario que la sobriedad de su vecina.

Quedó inacabada, pero sigue siendo abrumadora: cada detalle habla del esplendor y la ambición de su época.
Pasear por su patio interior es como entrar en un palacio de colores y formas que te dejan pensando en que de verdad estás en un cuento.

Mezquita Koja Zainuddin

Este rincón, la Mezquita Koja Zainuddin, es un rincón espiritual poco visitado. La mezquita Hoja Zainuddin está retirada de las zonas más turísticas y visitadas, y si por algo no destaca es por la magnificiencia que ves en las otras, esta es mucho más sobria y discreta, está también en obras de restauración. En esta mezquita no te olvides de llevar u pañuelo y pantalón o falda largos, no tienen para prestar al visitante. Es ideal para dar un paseo por la tarde y perderse por sus calles y conocer un poco la vida local
Mausoleo Samanid

Una pequeña joya del siglo X, considerado uno de los monumentos más antiguos del mundo islámico.
Aparentemente sencillo, pero si lo miras con atención descubrirás el trabajo artesanal de cada ladrillo. Está en medio de un parque muy agradable, ideal para un paseo matinal

Toki Telpak furushon

Toki Telpak furushon es un bazar con techos abovedados, era el lugar donde se vendían gorros y turbantes. Hoy se mezclan tiendas de textiles, artesanías y recuerdos, pero conserva ese aire histórico.


Mientras paseábamos por sus pasillos frescos, nos llamó la atención una pequeña tumba escondida en un rincón.
Luego nos enteramos de que en Asia Central era común enterrar a personas veneradas en lugares públicos, una forma de unir lo sagrado con la vida cotidiana.
Nadir Divan Begi Khanaka

Construido en el siglo XVII como albergue sufí, este khanaka fue un refugio para viajeros y místicos. Su fachada luce azulejos con animales fantásticos, algo bastante raro y fuera de lo común en el arte islámico, como ciervos alados y aves mitológicas. Me estaba imaginado a los derviches dando vueltas en oración. El tema de los animales mitológicos, aunque raro, también lo vas a ver en Samarcanda, en la plaza del Registan en una de las Madrasas
Madrasa Kukaldosh

Levantada en el siglo XVI, es una de las madrasas más grandes de Bujará. Su estructura imponente y su decoración sobria reflejan la arquitectura típica shaybánida.
Durante siglos tuvo distintos usos: fue caravanserai y hasta escenario de ejecuciones públicas. Puedes acceder al patio, e imaginar el ambiente que abría en la época.

Madrasa Nadir Divan Begi

Esta madrasa destaca por su fachada con pavos reales y motivos florales, un diseño sorprendente para su época.
Era un caravanserai y más tarde se transformó en madrasa. Hoy tienes dentro tiendas de artesanía y espectáculos folclóricos que le devuelven vida. Sus colores, sobre todo al atardecer, la convierten en otra de las más fotogénicas de Bujará.
Toki Zargaron

En la época de la Ruta de la Seda, este era el bazar, y el resto de los Toki que te vas a encontrar en Bujará, eran bazares o cúpulas comerciales. Cada unos esta especializado en una cosa, por ejemplo Toki-Zargaron (bazar de los orfebres) y el Toki Sarrofon (bazar de los cambistas) etc.

A modo de curiosodad, en Toki-Zargaron, el de los cambistas, se decía que los cambistas de Bujará eran capaces de detectar una falsificación solo con el tacto. Funcionaba casi como un banco internacional, reflejo de la importancia económica y cultural de la ciudad.

Hoy, vas a encontrar un bazar de alfombras, especias, joyas, pero todavía se respira ese espíritu comercial y cosmopolita.

Madrasa Chor Minor
Y como broche final, la madrasa Chor Minor.
Su silueta con cuatro torres coronadas por cúpulas turquesas parece sacada de un cuento oriental.
Fue construida a comienzos del siglo XIX y, aunque solo se conserva su entrada, sigue siendo uno de los lugares más fotogénicos de la ciudad.
Cada una de sus torres tiene una decoración distinta, representando diferentes culturas y religiones de la Ruta de la Seda, pero todas son iguales en altura: símbolo de igualdad entre ellas.
Una metáfora perfecta para una ciudad que fue, y sigue siendo, un puente de culturas.

Nos despedimos de Bujará, de sus cúpulas azules y sus madrasas que parecen suspendidas en el aire. Cerramos esta etapa de nuestro viaje por la Ruta de la Seda con la sensación de haber recorriendo un sueños de las mil y una noches, a ver si el genio de la lámpara aparece en la siguiente parada
Al día siguiente la ruta continuaría hacia Samarcanda.
