Pingyao es una ciudad amurallada que parece sacada de una película de época China. Caminar por sus calles es como retroceder siglos en el tiempo, entre casas tradicionales, faroles rojos y tejados puntiagudos que no necesitan filtros de Instagram.
Pingyao, una pequeña ciudad en la provincia de Shanxi, es uno de los destinos más fascinantes de China si buscas una experiencia auténtica y un vistazo a la historia de la antigua China. Esta ciudad, que ha conservado su arquitectura tradicional y su atmósfera medieval, es un reflejo de lo que fue la China imperial.
Un poco de historia de Pingyao
Fundada hace más de 2.700 años, alcanzó su esplendor durante la dinastía Ming como un importante centro financiero del país. Pasear por sus calles es como viajar en el tiempo: murallas intactas, tejados de madera y faroles rojos por todas partes.
Que ver en Pingyao
Pingyao es una ciudad que con solo pasearla la vas a disfrutar, recorrer el interior de sus murallas, pasear por sus calles que te van a transportar a siglos anteriores.
Debes conocer que hay una serie de templos, edificios que solo se pueden visitar si compras el ticket o pase que te va a dar acceso a ellas. Aunque nosotros no compramos el ticket turístico (fuimos free, a nuestro aire), vale la pena saber qué hay para ver dentro de las murallas de Pingyao.

El pase da acceso a más de 20 lugares históricos:

Muralla de Pingyao, que se puede recorrer por arriba y ofrece unas vistas increíbles de los tejados antiguos.
Templo Confuciano, uno de los más antiguos y mejor conservados del país. El templo es un ejemplo impresionante de la arquitectura tradicional de la dinastía Ming, con hermosos jardines y una atmósfera tranquila que invita a la reflexión.

Residencia de la familia Rishengchang, considerada el primer banco de China, donde se explica cómo funcionaba el sistema financiero tradicional.
Antigua Prisión del Condado, que conserva celdas, instrumentos de castigo y documentos judiciales. A esto se suman casas de comerciantes, templos taoístas, y varios museos pequeños repartidos por el casco antiguo.
Banco Rishengchang, Este banco, fundado en el siglo XIX, es considerado el primer banco de «cambio» del país, y su museo te permitirá entender cómo la ciudad fue clave en el sistema financiero antiguo de China.

Si te interesa la historia y quieres empaparte de todos los detalles, el ticket puede valer la pena. Pero si prefieres simplemente callejear, perderte entre los faroles rojos, asomarte a los patios abiertos y dejarte llevar por el ritmo pausado de esta ciudad antigua, Pingyao también se disfruta muchísimo sin entrar a nada.

Nosotros nos perdimos por las calles paralelas, más allá de las calles principales llenas de tiendas, comida callejera, faroles y turistas, Pingyao guarda una cara mucho más auténtica: sus hutones. En los Hutones es donde vive, la poca gente local, que aún queda dentro de las murallas, casas de locales con sus puertas de madera, donde, si tienes la suerte de ver alguna abierta, hasta te puedes encontrar que algunas tienen una fotografía de Mao colgada en la pared de la entrada. En estas calles vas a pasear por rincones donde vas a ver la vida real, queda poca gente local viviendo dentro de las murallas, pero merece la pena salirse de la zona más turística y perderte un poco.
Comer en Pingyao

Si la comida en China merece un capítulo aparte, la comida de Pingyao nos pareció de otro nivel.

Caminando por sus calles, con la vista y los olores, tus papilas gustativas van a empezar a segregar saliva, la comida callejera es otro mundo: panes rellenos, pinchos, dulces…

Hot pot de cobre
Pero lo que a nosotros nos enamoró, y nos dejó supersorprendidos, fue el hot pot de cobre que cenamos esa noche.
Paseando por las calles principales ya vimos la foto en varios restaurantes, al salirnos de esas calles, nos encanta perdernos, tropezamos con este restaurante, lleno de locales (los que más nos gustan) y sin pensarlo entramos. Os dejo un poco de historia sobre este plato aquí
Lo pedimos por señas, de otro modo era imposible, nadie habla inglés, eso también forma parte de la aventura en China. Este plato es una cazuela de cobre humeante al centro, cocinando verduras, fideos y carne que van poniendo con caldo y rodeando la «chimenea» de la cazuela y se cocina al momento.
Decir que estaba riquísimo, y que era supergeneroso, es quedarse corto. Fue una cena espectacular.

Dormir en Pingyao
Para dormir teníamos claro que íbamos a hacerlo en un hotel dentro de las murallas, queríamos un hotel que son una casa tradicional habilitada como hotel, y acertamos de pleno. Nos alojamos en el hotel, Elsewhere Hotel Ancient City Center Brabrach, una chulada de sitio, donde nos trataron de maravilla y era muy acogedor. Recuerdo que viajamos en marzo, y hacía un frío de narices.



El desayuno fue curioso, local, rico, sin café, suerte que en la habitación teníamos una Kettle con sobres de café y té y nos tomamos el primer café. Decir que nos comimos todo el desayuno, y nos trajeron más… quizá debimos dejar algo, pero estaba tan rico que no pudimos resistirnos.
En resumen…
Pingyao es una de esas joyas chinas que, sin grandes pretensiones, te roba el corazón a golpe de historia, farol y tentempié callejero.
¿La visitarías a lo improvisado como nosotros o te animarías con el ticket completo y su ruta de casas-museo?
¡Cuéntamelo en los comentarios, que cada viajero tiene su propio ritmo y gusto en lo que a viajes se refiere!
