Día 8, Nos vamos a Hoi An

¡Este día fue una comedia de errores desde el principio! Nos levantamos con el canto de los gallos, literalmente, como si estuviéramos en una película de granja. El hotel, Tam Coc Banana Bungalow, estaba en medio de la naturaleza, y no faltaron las gallinas y gallos vecinos que pensaban que estaban en un concurso de canto matutino. Incluso tuvimos un inesperado visitante nocturno en la habitación de Elena y Estrella. Pero bueno, eso es lo que obtienes cuando duermes en plena naturaleza, ¿verdad?

A las 6 de la mañana ya estábamos más activos que un hiperactivo con seis tazas de café. Debíamos estar listos a las 8:15 para la recogida de la minivan hacia Hoi An, pero, como siempre, quisimos adelantarnos y aprovechar el tiempo. Decidimos ir a desayunar temprano, esperando poder disfrutar de una buena comida antes de salir corriendo como locos. Estábamos disfrutando de nuestras tortillas, pho, frutas, ¡y qué decir de nuestros desayunos de campeones!

Pero, como si fuera una broma cruel del destino, Luismi de repente anunció que la minivan salía a las 8:00, no a las 8:15. Ya habíamos hecho el check-out, así que pedimos un Grab para llegar al punto de recogida a tiempo. Pero, por supuesto, el Grab decidió hacerse el invisible y no apareció. Entramos en modo pánico. Teníamos exactamente 15 minutos para llegar. Le rogamos al recepcionista que llamara para avisar que estábamos en camino. ¿Llamó o no llamó? Quién sabe. Lo único que sabemos es que cuando llegamos, ¡la minivan no estaba!

Nos sentíamos más desconcertados que un pulpo en un garaje. Entramos en la oficina, mostramos nuestros billetes y los empleados empezaron a hablar en vietnamita mientras nos mirábamos entre nosotros con expresiones que decían «¿Qué demonios está pasando?». Después de una incógnita vietnamita, nos pidieron esperar 5 minutos. Finalmente, llegó un taxi, alguien tomó nuestras mochilas y nos dijo que subiéramos. Estábamos tan confundidos que obedecimos sin hacer preguntas. El coche salió disparado a una velocidad que hacía que nuestros corazones se aceleraran.

Si alguna vez has tenido la sensación de que en Vietnam conducen como si tuvieran una cita de emergencia, esta vez superó todas las expectativas. Este conductor parecía estar compitiendo en el Gran Premio de Vietnam. Luismi sugirió que, dado que nos dirigíamos en la dirección correcta, nos dejarían en ese coche. Pero, ¡oh sorpresa! A los 10 o 15 minutos, el conductor dio un giro de 180 grados y nos encontramos frente a la minivan que nos estaba esperando.

Resulta que había salido unos minutos antes, y claro, en Vietnam, estas cosas se resuelven llamando a un conductor, al taxi, a un Grab, al vecino que no tenía planes para el día, ¡cualquier cosa! Y ahí estábamos nosotros, montados en un coche de carreras, sin saber si reír o llorar. Lo importante es que finalmente estábamos en camino, bien desayunados y camino a Hanoi ¡Vietnam, nunca dejas de sorprendernos!

Llegados a Hanoi, cogimos un Grab al aeropuerto y puntual salió nuestro vuelo de la VietJet Air con destino a Da Nang. Una vez aterrizados, otro Grab nos dejó en nuestro hotel de Hoi An. Dejamos el equipaje y nos lanzamos a conocer la ciudad.

Había leído mucho de esta ciudad, y en todas las entradas de blogs, artículos de revista, etc. decían que era de las, si no la más, bonita de Vietnam. Esta ciudad, Hoi An, fue un importante puerto marítimo hace más de 2.000 años, y a partir del siglo XV se convirtió en uno de los puertos principales del continente, a partir de ahí fueron llegando barcos de todos los lugares, chinos, portugueses, japoneses, españoles, indios y de casi todos los lugares del planeta. Esta ciudad se convirtió en un lugar de intercambio de sedas, especias, papel, medicinas y lo que se nos pueda ocurrir digno de comerciar con ello. De ahí que cuando paseamos por sus calles veamos que tienen, sobre todo, influencias chinas y japonesas, ya que fueron muchos chinos y japoneses los que se asentaron en Hoi An, dejando su huella.

Fue perdiendo importancia a finales del siglo XIX, y durante la Guerra de Vietnam, tuvo la suerte de no sufrir apenas daños, lo que hace que actualmente la podamos disfrutar como era hace unos siglos. Está considerada la ciudad más bonita del país y fue declarada Patrimonio Mundial de la Unesco.

Hoi An, tiene un encanto especial, serán sus farolillos, serán las calles con sus casas que guardan secretos de siglos, hoy convertidas en tiendas de souvenirs o ropa, pero con mucho encanto, sea lo que sea es una delicia pasear por sus calles.

Se puede comprar el Old Town Ticket, unos 4 €, para poder entrar en 5 templos, casas o museos que prefieras. Otra de las atracciones que tiene Hoi An, es el puente japonés, es el símbolo de la ciudad, ahora mismo está en obras, y no se puede ver nada, han construido una pasarela para cruzar, de metal. Fue una verdadera pena haberse perdido esa maravilla. Una excusa para volver.

Una de las atracciones de Hoi An, son sus mercados, como en casi todas las ciudades, es un espectáculo ver como montan sus puestos de fruta y verdura, y como acuden a comprar los ciudadanos.

Puedes perderte por sus callejones y descubrir otra parte de la ciudad, en la que no están todas las tiendas de recuerdos o ropa. Decir que esta ciudad es también famosa por sus costureras, te pueden hacer casi cualquier cosa en pocas horas y a un muy buen precio.

Verás tiendas de ropa, vestidos con corte asiático y también europeo a muy buenos precios.

Y no te extrañe ver a la familia comer en una mesita en la misma tienda, para que perder una posible venta cerrando la tienda, aprovechamos el tiempo y la dejamos abierta.

Es la ciudad de las fotos de postureo, de la imagen para redes y perfiles, por qué tiene tantos rincones que no sabrás cuál elegir, como nos pasaba a nosotros.

Hoi An es preciosa de día, y al caer la noche se ilumina con sus farolillos, y ahí se hace hipnótica. Al pasear por cualquiera de sus orillas verás las barcas que te ofrecen dar un paseo en ellas para contemplar la orilla desde el río, o se puede optar, como nosotros, por sentarse en uno de los múltiples locales y tomar un cóctel en la hora feliz, dos por uno.

No voy a mentir, es una preciosidad de ciudad, pero hay mucho turismo, para poder disfrutarla bien, hay que madrugar mucho, para verla despertar y ver solo los vietnamitas que viven en ella. Pero aunque haya mucha gente por las calles no le resta encanto, cuando nosotros la visitamos coincidía que había mucho turista, pero era turista endógeno, turismo vietnamita. Había sido la fiesta nacional hacía un par de días y aún se notaba que estaban de vacaciones por el puente. Y no nos restó encanto a la ciudad.

Pasamos la tarde hasta el anochecer recorriendo sus calles, y nos despedimos de sus farolillos hasta la noche siguiente, que sabíamos que íbamos a volver.

Día 9 Hoi An

Hoy también nos despertamos temprano, era nuestra máxima, si no era por los gallos, era por el despertador y si no era por nuestro reloj biológico que ya se había adaptado, algo tendrá que ver que amanecía temprano y la luz nos influía.

Sea como fuere ahí estábamos ya a las 6:30 en la puerta del comedor para desayunar de nuestro hotel, el Hoi An Blue Boutique & Spa que resultó se una maravilla por un precio bastante ajustado.

Después de dar buena cuenta de un desayuno espectacular, nos fuimos caminando al Ancient Town, barrio antiguo de Hoi An, ya os conté un poco más arriba como es esta maravillosa ciudad, es cierto que casi lo habíamos recorrido ayer, pero nos apetecía volver a sus calles de día, cuando aún no estaba lleno de turistas. Y, confesémonos, hacer esas fotos de postureo que todos queremos tener en nuestro álbum de recuerdo de nuestros viajes.

Nos fuimos caminando, estábamos a unos 25 minutos caminando, no merecía la pena coger un Grab. Llegamos y en la ciudad la vida ya había empezado, nos dimos una vuelta por las calles menos concurridas, esas donde te vas a encontrar a la señora con el gorro vietnamita que no es turista, y que te mira como diciendo:

«Pero a tí, ¿qué se te ha perdido aquí?».

Y te dan ganas de contestarle

«Usted, se me ha perdido usted, la auténtica, la que está barriendo la puerta de su casa tranquilamente, la que no está en una casa por la que cobran entrada para entrar.»

Pero no dices nada, sonríes tímidamente y sigues tu camino sin hacer la foto. Porque esa foto te parece hasta una intromisión a su intimidad, y guardas esa imagen en tu retina.

Todas las ciudades, por mucho turismo que tengan, tiene otra parte, la parte donde viven los que trabajan en los restaurantes, en las tiendas, los que montan los puestos en el mercado todas las mañanas, etc., y esas calles son las que hay que ver en algún momento del día.

Y no hay que tener miedo a perderse, es lo mejor, y si te pierdes, seguro que encuentras escenas estupendas de las que recordar con cariño o humor, depende.

Sea como fuere nos dimos un buen paseo por la zona no tan conocida de Hoi An, y a media mañana decidimos ir a la playa.

Sí, a la playa, porque una de las cosas que no cuenta ningún blog es que Hoi An tiene una zona de playa, y es espectacular. Regresamos al hotel, cogimos nuestros bañadores y un Grab y nos fuimos a la playa de Ang Bang.

Esta zona de playa nos la habían recomendado en el hotel el día de nuestra llegada. Cada vez que llegas a un hotel, aparte de agasajarte con un zumo, un poco de fruta mientras se hace el Check-in, te van a contar lo que puedes hacer en la zona, cosa que no viene mal, por bien preparado que lleves el viaje.

Cogimos nuestro Grab y en un suspiro no dejó en el punto que le indicamos. Al bajar vimos que era una zona donde había algún hotel, tiendas, restaurantes, nada baratos, por cierto, y la playa.

Bajamos a la playa, dejamos las toallas y a disfrutar. El agua estaba caliente, nos estábamos bañanando en pleno Mar de la China Meridional, ahí es nada.

Vista en las fotos parece una playa del levante, pero yo prometo que no, que es la playa de Ang Bang. Estuvimos un par de horas en la playa, disfrutamos, dimos un paseo y nos marchamos camino del hotel a buscar donde comer.

Ya os he comentado que comer en Vietnam es una pasada, la verdad es que en todos mis viajes a la zona del sud este asiático no he tenido problemas con la comida, pero cuando empezamos a planear este viaje y empecé a buscar información, vi que la comida era un capítulo aparte, y es que en Vietnam se come muy bien, en serio, desde los Banh Mi, los bocadillos, hasta lo más elaborado, es una delicia, le ponen un amor a los detalles que hace que comer aquí sea más que comer.

Aquí en Hoi An, hay una de las especialidades que son los Friend Wontons, si tengo que compararlos con algo, son como un ravioli, salvando las distancias, de masa de arroz superfina y con un relleno que se deshace en la boca, una maravilla. Es como una flor, rico, rico. Y tras el rato en la playa fuimos a comer a un restaurante cerca del hotel de esos que si pasas en España ni paras, simple y algo «morroñoso», como diría Estrella, pero comimos de maravilla y muy barato. Tenía una limonada, recien hecha de esas que te quitan, no solo la sed, sino el sentido.

Y no pongo más fotos que vais a salivar demasiado.

Y tomar un último café en esta maravilla de ciudad.

Café con sal, todo un descubrimiento y el clásico café de coco.

Definitivamente, Vietnam no es apto para los adictos al café.

Tras el café seguimos caminando hasta el centro de Hoi An, empezaba a anochecer, y nos apetecía dar un último paseo por la noche por la ciudad, volver a ver las calles iluminadas, sus farolillos y sus mercadillos, y los puestos de comida, que son un clásico.

Seguir paseando era lo único que te apetecía hacer, era todo tan bonito, que no queríamos irnos.

Ya se estaba haciendo tarde, teníamos que poner fin a esta noche, aunque no quisiéramos. Así que pusimos rumbo al hotel.

Al día siguiente nos recogerían para llevarnos a nuestra siguiente parada.

Tras el desayuno nos vamos a ir a Hue, con unas paradas en ruta, ¿te apetece venir?

No, no me traje ningún farolillo. Y no por falta de ganas.

Puedes continuar con nosotros en la siguiente entrada, 15 Días en Vietnam, diario de viaje (Parte 5)

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